lunes, 24 de enero de 2011

Velo de alquitrán


-          Juana, hola mi amor, disculpá que te joda… lo que menos quisiera hacer en este momento es hincharte las bolas, pero lo tengo a Anselmi de los cables, porque dice que no solo no le avisaste que faltabas, sino que además, hoy tenías que entregarle la presentación de Coca-Cola con las conclusiones del curso…
-          ¡Fede! ¡Tenés razón! Decile a Anselmi que estoy con vómitos, descompuesta. Y haceme un favor, buscá en el departamental el archivo que se llama “Comunicación Coca” y mandámelo, así lo termino y te lo vuelvo a enviar para que se lo pases a Anselmi.
-          Ok… ya te lo mando. ¡Beso!
-          ¡Otro!

Juana se había quedado dormida, ya que había desprogramado el despertador la noche anterior. Por lo tanto, nunca le había avisado a Anselmi del faltazo y menos que menos se acordaba de la presentación de Coca-Cola.  

La próxima hora y media intentó, con poca concentración y mucho mate, terminar la bendita presentación. A eso de las once, ya la había mandado. Anselmi contento. Juana tranquila.

Elena la había llamado para pasar a tomar unos mates a la tarde, ya que se había enterado de lo de su papá a través de Susy, por supuesto.

Qué grande Elena, pensó Juana.

En el medio, chateó con Euge -que estaba en el laburo pendiente de su amiga- y se mandó mails con Julieta. Habló con su mamá como tres veces también por teléfono. Valeria brillaba por su ausencia.

Es tan… insensible… reflexionó sobre su hermana.

No tenía ganas de almorzar, así que solo tomó un caldito y se pegó una ducha de agua bien caliente. Se tiró a dormir una siesta.

A las cuatro y media puntual, Ele estaba abajo tocándole el timbre.

-          Te abro desde acá Ele…
-          ¡Ya está!, se escuchó por el portero.

A los pocos segundos, Ele estaba tocándole la puerta.

-          Pasá Ele, qué bueno que vinieras.
-          ¡Cómo no iba a venir mi amor!, si te quiero como a una hija.
-          ¿Qué te hago para tomar? Preguntó Juana.
-          Vos nada. Preparo yo unos mates…
-          Bueno, dale.

Empezaron a hablar de cualquier pavada, como era de esperarse. Del clima. Del robo al banco que había aparecido en todos los noticieros. Del club. De un nuevo pretendiente que tenía en vista Elena. Del bailongo del viernes pasado. Pero era obvio que en cualquier momento, iba a llegar el turno del papá de Juana.

-          Es que me siento horrible… desde el sábado que me enteré, me siento horrible…
-          ¿Por qué Juanita?, vos no sos la culpable de lo que le pasa a tu papá.
-          No, ya sé, más vale… no es eso… pero siento que estuve tanto tiempo enojada con mi papá, no sé… y ahora está así… y quizás…
-          Bueno, bueno… no pienses en eso.
-          Motivos tenía igual, no? Digo, para estar enojada con él. Mi viejo la re cagó a mi mamá…
-          …Perdónnnnnn, interrumpió Elena.

Juana la miró como intentando descifrar hacia dónde iba Elena, pero estaba absolutamente perdida. Como en bolas, en plena ruta 2.

-          ¿Perdón qué Ele? ¿Me estás cargando? Mi papá la cagó a mi vieja con Irene.
-          No, señorita. No es así. Tu papá y tu mamá decidieron separarse de mutuo acuerdo, porque la cosa no iba más, se peleaban todos los días. Discutían por todo, la plata, la crianza de ustedes, todo. Pero tu papá nunca la cagó a tu vieja. Se separaron y después él conoció a Irene.
-          Pero mi mamá…
-          Sí, sí… tu mamá alguna vez barajó la posibilidad de que se conocieran desde antes, pero no es así. A tu mamá le dolió en el alma que tu papá pudiera construir con Irene, lo que no había podido lograr con ella. Pero ella sabe bien que él no le fue infiel.
-          ¿Me estás jodiendo?
-          Para nada.

Juana parecía haber recibido una dosis doble de éxtasis. No entendía nada. Estaba como caminando patas para arriba. De repente, su historia cobraba otro sentido. Y lo peor… la culpa iba in crescendo. 

Todo lo que ella había dado por sentado, se transformó en un castillo de arena que se derrumbó con una frase huracanada: “Para nada”.

Elena se fue al rato, casi sin saber que le había quitado a Juana un velo de alquitrán de los ojos, que había llevado puesto los últimos treinta y un años. Juana estaba no solo enojada con ella misma, sino también y sobre todo, con su mamá. Pero quería evitar llamarla, para que no se terminara peleando con su mejor amiga, Elena.

Sintió náuseas y salió corriendo al baño. Vomitó todo. El caldo, los mates, los nervios, la bronca.

Se fue a dormir temprano y no pegó un ojo. Estaba inquieta con la noticia que Elena le había dado. Dio vueltas toda la noche, sin encontrar la posición adecuada para conciliar el sueño. Se sentó en la cama y sonó el cuello para un lado y para otro. Se levantó y tomó agua mineral, después Seven Up. Se tapó con la sábana. Se volvió a destapar. Miró el reloj más de cinco veces. Finalmente, se quedó dormida a las cuatro y cuarto de la mañana.

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